Hoy charlamos con… ENRIQUE ELOY DE NICOLÁS

Nació en Valladolid en 1966 y se crió en la pequeña localidad segoviana de Santiuste de S. Juan Bautista; hasta que, tras obtener plaza como funcionario público y pasar algunos años en Castellón de La Plana y Barcelona, se trasladó a Madrid, donde actualmente tiene su puesto de trabajo. A mediados de los años noventa cursó estudios de Geografía e Historia por la UNED. En la actualidad es miembro fundador de la Asociación de Escritores “Alfareros del Lenguaje” (www.alfareroslenguaje.org), radicada en la localidad madrileña de Alcorcón, colaborando en su revista trimestral “Horizonte de Letras”. Ha publicado los libros de relatos “Al abrigo del Ocaso”, “Secretos de Sacristía” y “Destellos tras la tormenta”; además del libro de teatro “Mutis por el Foro”. Ha participado en varias antologías narrativas editadas por Playa de Ákaba.

JT. ¿Cuándo supo que quería escribir?
Creo que eso nunca se sabe o se sabe desde siempre… Puedo parecer ambiguo, pero lo que quiero decir es que la magia de la escritura te atrapa sin que te des cuenta y te hace ser un adicto a ella, sientes la necesidad de contar esas historias que bullen en tu mente y no te sientes bien hasta que acabas de contarlas. En mi caso, desde niño tuve esa necesidad imperiosa de plasmar lo que mi imaginación creaba… y quizá en ese momento descubriera que la necesidad de escribir me atrapó…

JT. ¿Recuerda lo primero que escribió? ¿Qué edad tenía?
Sí, claro. Aunque no recuerdo los títulos… Eran pequeños relatos fantásticos que mi mente infantil pergeñaba. Narraciones que me divertían conforme las iba escribiendo, jugando a veces con cambios de personajes, escenarios y épocas temporales… Para mí era un juego que muy pocos entendían en aquella época (aunque no soy tan mayor como pueda parecer), tachándome de “bicho raro” y cosas parecidas. Sin embargo, era mi vía de escape en aquellos tiempos en los que contaba con once o doce años… Por supuesto, salía a jugar a la calle con mis amigos y muchas veces me inventaba juegos e historias con las que divertirnos.
Por aquella época descubrí el teatro desde dentro, entre bastidores, gracias a mis tíos de Valladolid, Amberto de Nicolás y Esther Izquierdo, actriz profesional de la Compañía Teatro Estable y profesora de este género en la universidad vallisoletana, quienes inocularon en mí la “droga” dramática. Y cuando contaba con catorce años, estando interno en un colegio de una localidad segoviana, me presenté a un certamen de escritura de teatro que convocaron. Fue una obra muy sencilla, como es comprensible por la corta edad que tenía, escrita en un cuaderno, del cual arranqué después las hojas para enviarlas al concurso… ¡Y gané el primer premio! Me obsequiaron con un pequeño lote de libros que se convirtió en mi tesoro. Eso aumentó en mí las ganas de seguir escribiendo, y sobre todo, de seguir componiendo guiones teatrales, que fue lo que hice hasta los veinte años, más o menos, compaginando esa actividad con relatos y cuentos… Ahora leo algunos de esos relatos y sonrío… Me doy cuenta del amor con que los escribí y de su mala calidad… Pero para mí son mis hijos predilectos.

JT. ¿Qué lee usted?
Me gusta leer de todo… Leo entrevistas y biografías de autores a los que admiro, leo ensayos y obras de divulgación… Me encantan los libros de relatos, como es de suponer; y también leo novela, mucha novela, sobre todo histórica; y lo hago con dos intenciones: divertirme y aprender, sobre todo aprender a escribir cada vez mejor.

JT. ¿Qué libro le gustaría haber escrito?
Ufff, no sé… Es una pregunta complicada… Hay tantos libros maravillosos que han dejado huella en mí, como persona y como escritor, que no sabría decir. Pero por nombrar alguno de mis favoritos… Cien años de soledad y Crónica de una muerte anunciada, ambos de García Márquez. Me encanta Oscar Wilde, y su novela El retrato de Dorian Gray me fascinó. También Crimen y castigo, de Dostoievski, es una de mis favoritas. Cualquiera de ellas me hubiera encantado escribir; pero ya no es posible, ya están creadas… Por lo tanto, solo queda estrujarse los sesos y escribir una –o al menos intentarlo- que sea tan impactante como esas.

JT. Desde su punto de vista, ¿qué carencias tiene la literatura contemporánea?
Más que carencias de la literatura actual me parece que son carencias de tipo educacional y editorial. En la literatura actual, la contemporánea, la hay buena y mala, como en cualquier campo artístico, como siempre ha sido. Ha ido evolucionando con los tiempos y los escritores nos vamos amoldando a las nuevas modas, tanto en temáticas como en estilos. Cada época tiene su propia literatura, lo que apetece leer y a lo que, sin darte cuenta, te adaptas como escritor.
En España aún se lee muy poco, y eso es un problema que se debe atajar en los colegios, desde la infancia, y en las propias familias. Por otro lado, la literatura debe llegar a todo el mundo, ser universal. Por desgracia, la mayoría de las editoriales apuestan –como empresas que son- por autores más o menos consagrados que les reporten los beneficios que tienen estipulados. Esto frena mucho a los escritores que aún no somos reconocidos y que tenemos mucho que decir en este arte, algunos grandísimos escritores que aún tienen sus obras en el cajón (o en el disco duro de su ordenador) porque ningún editor se decide a sacarlo a la luz. Es cierto que van surgiendo pequeñas editoriales que apuestan por nosotros, por autores desconocidos, pero se necesitan más, y que estas realicen una distribución y promoción efectivas.
Por el contrario a las carencias que yo veo, desde mi humilde punto de vista, también está surgiendo un movimiento muy importante: la literatura indie. El escritor independiente que se promociona a sí mismo, se autopublica en plataformas como Amazon o similares y lleva el marketing y el control de su propia obra. Creo que este hecho va a dar mucho que hablar en España en muy corto plazo, y que será muy importante en la carrera de cualquier escritor.

JT. Háblenos de Destellos tras la tormenta.
Se trata de una recopilación de relatos que preparé para su publicación en Playa de Ákaba. Recordé que tenía bastantes relatos escritos donde la esperanza y la ilusión eran el detonante y decidí que quería reunirlos en un libro donde esa esperanza fuera el tema principal. De ahí surgió el título de Destellos tras la tormenta. Son relatos realistas que nos muestran las miserias del género humano, nuestros defectos y, en algunos casos, secretos inconfesables. Sus protagonistas son perdedores, personas que están sufriendo y no ven la luz al final del túnel, que observan cómo el mundo se desmorona a sus pies y que sus vidas se derrumban cual castillo de naipes… Sin embargo, casi al final de su miserable existencia, algo parece cambiar sus vidas…

JT. ¿Qué tiene de bueno participar en una asociación de lectores o escritores?
Ambas son de vital importancia para cualquier escritor. Las asociaciones de escritores –como “Alfareros del lenguaje”, la cual fundé junto a otros cuatro amigos escritores- son entes que nos ayudan a promocionarnos, creando libros y antologías que a la gente parecen llegar de mejor manera por ser colectivos, por estar escritos por varios autores, afianzados por el nombre de esa asociación, mucho más conocida en el entorno donde vivimos o nos movemos. Además, las entidades públicas se muestran mucho más favorables a ofrecer ayudas y espacios para organizar eventos a las asociaciones que a un autor o grupo de autores que van por libre. Es así de triste, pero es lo que hay. En España debes asociarte si quieres conseguir algo de los entes públicos.
Por otro lado, las asociaciones o grupos de lectores, o los talleres de lectura que tanto se están poniendo de moda, me parecen vehículos de transmisión inmejorables entre autor y lector, alejando la frialdad existente entre ambos. El lector tiene la posibilidad de conocer a un autor y a su obra mucho más a fondo, incluso conocerlo a él personalmente. ¿A quién no le gusta ir a cualquier Feria del Libro y charlar unos minutos con el autor, intercambiando pareceres, y llevándose, después, su obra firmada?
En nuestro caso, siendo autores desconocidos, los clubes, grupos o asociaciones de lectura son imprescindibles para llegar a lectores potenciales, para que nos lean y conozcan nuestra obra, además de darnos a conocer en persona. Por supuesto, y muy importante, que el autor conozca a sus lectores, que conozca sus inquietudes, lo que quieren leer y lo que más les emociona.
Al hilo de todo esto, no quiero dejar de darle la enhorabuena por su iniciativa, la creación del Club de Lectura Internacional Caleidoscopio. Me parece una oportunidad maravillosa y única para el intercambio entre lectores y autores.

JT. Háblenos de su último trabajo: Mutis por el foro. ¿Lo encuadra en un género de Entremeses?
Tengo varias obras teatrales escritas allá por los años ochenta, dos de las cuales fueron representadas en varias ocasiones en localidades de la comarca, además de en mi propio pueblo, por parte del Grupo de Teatro Tarragón, al cual pertenecía y dirigía. Estábamos promocionados por una asociación cultural existente por aquel entonces y nos encantaba lo que hacíamos. Yo escribía mis obras para que nuestro grupo las representara.
De aquellas obras escritas al final de mi adolescencia se nutre este libro, que surgió tras las insistentes recomendaciones de una amiga, también escritora. De los diez guiones que escribí, seleccioné aquellos que podrían ser más publicables, escogiendo los cuatro que componen la obra.
Son comedias sencillas, con los enredos típicos de este género, que muestran al lector (o al espectador) una crítica social de aquel tiempo, perfectamente aplicable al siglo actual; con moraleja incluida, aunque sin la menor intención de moralizar. En aquella época en que fueron escritas había muchas cosas que me preocupaban y tuve la necesidad de sacarlas de mi cabeza en forma de guiones teatrales.
Usted me pregunta si encuadraría Mutis por el foro dentro del género de “entremeses”. Le diría que sí y no… Me explico. De las cuatro obras contenidas, tres las enmarcaría dentro del subgénero mayor, como comedias (aunque también tienen algo de tragedia y drama), pues tienen una mayor duración y están divididas en varios actos. La otra, sí se trataría de un entremés, aunque yo prefiero llamarlo sainete, pues su duración es muy inferior y la acción se desarrolla en un solo acto.
Como digo, fueron escritas en el primer lustro de los años ochenta, influenciado por las obras de algunos autores que se lucieron especialmente en este género a finales del siglo XIX, como fueron los Hermanos Álvarez Quintero y Carlos Arniches, quienes supieron llevar al escenario un espectáculo mucho más vivo y con un lenguaje coloquial. Por supuesto, hay otro dramaturgo de mediados del siglo XX que también me influyó claramente, convirtiéndose en el ejemplo a seguir; y no fue otro que don Antonio Buero Vallejo.

JT. ¿Qué significa para usted la literatura?
La literatura es una pasión que me hace sentir vivo. Es una vía de escape en la que me abrigo de la sociedad que nos ha tocado vivir, en los buenos momentos y en los malos. Es una necesidad, como comer o dormir… Es mi propia existencia. No concibo mi vida si ella.
Desde niño soñaba con ser escritor, con crear historias como las que tanto me divertían al leerlas… Nunca soñé con vivir de ella, solo quería escribir, inventar historias en las que escabullirme… Y, por fortuna, lo conseguí. La literatura no es mi medio de vida, pero conseguí ser editado y leído. Eso es lo más importante para un escritor, porque no se es escritor hasta que no te leen, por mucho que hayas escrito. No sé si es bueno lo que escribo, pero me siento afortunado de poder hacerlo y de que me lean, aunque solo sea una persona…

JT. ¿Le cuesta cambiar de registro?
Como dije antes, comencé escribiendo teatro, tras pasarme muchos veranos viendo ensayos de la compañía teatral donde mi tía trabajaba y tras leer a muchos autores clásicos, del siglo XIX y mediados del XX, intercalando esa escritura dramática con la de inventar historias que se convertían en relatos. No me cuesta trabajo intercambiar mi afición por el teatro y las narraciones breves… Sin embargo, ahora que estoy inmerso en dos novelas, reconozco que ha sido un escalón tan grande que al principio parecía un salto al vacío, sin paracaídas y sin red. Me costó mucho adaptarme. Jamás había necesitado establecer una estructura previa para los relatos, aunque sí para un guión teatral, que nada tiene que ver –por supuesto- con la estructura previa necesaria para que una novela esté bien escrita y tenga sentido… Tras aprender técnicas y trucos en talleres, y mucho de amigos escritores, voy consiguiendo darle forma a esas novelas que espero se puedan leer algún día no muy lejano.

JT. ¿Prefiere estudiar o leer?
Ahora mismo, a mi edad, ya solo leo para aprender, no tengo la necesidad de estudiar… Para aprender y para divertirme, por supuesto. Recuerdo, cuando estaba en el instituto en tercero de BUP, que la profesora de Filosofía nos encomendó la lectura de Crimen y castigo de Dostoievski, para una evaluación en la que debíamos confeccionar un trabajo sobre la novela. Me costó horrores leerla porque era algo que debía leer desde un punto de vista analítico y filosófico, además de impuesto… Recuerdo que no me gustó. Años después, con la tranquilidad del lector que no busca otra cosa que leer un gran relato, se convirtió en una de mis favoritas…

JT. ¿Se ha planteado moverse en un género distinto al que está inmerso actualmente?
Reconozco que sí. He intentado escribir poesía, sobre todo aquella que te brota del alma en momentos difíciles, o en aquellas circunstancias en las que tu corazón necesita gritar tus sentimientos… De hecho los plasmo en el papel todo lo poéticamente que puedo, sin embargo, no son nada buenos… Para mí, lo son, por supuesto, porque son mis sensaciones, mis sentimientos, mis tristezas, mis alegrías; pero adolecen de la calidad necesaria para que alguien lo lea. Por el momento seguirán ocupando espacio en los recovecos de mi memoria y de mi cuaderno de notas.

Muchas gracias por su participación en el blog cultural El invierno de las letras. Le deseamos éxito en su trayectoria literaria.

Acerca de Jimena Tierra

Jimena Tierra (Madrid, 1979) es escritora y editora del Grupo Tierra Editorial. Licenciada en Derecho por la UAM, se especializó en materia financiera. A lo largo de su trayectoria literaria ha estudiado criminología, así como talleres de género negro impartidos por profesores como Alberto Olmos, María José Codes o Philip Kerr. Es autora de algunos poemas y múltiples relatos cortos, entre los que destaca Escombros, ganador del concurso de Ediciones Saldubia 2014. En el mismo año, fue galardonado su soneto La vida es Aragón. La vida es sueño, obteniendo el premio de lírica en la convocatoria Atrévete a rimar Aragón con... sueño. Ha sido finalista en el certamen Don Manuel de Moralzarzal (2017), ha publicado un libro de relatos negros titulado Conozco tus secretos y ha editado su novela Equinoccio, alcanzando la cuarta edición. En la actualidad, desarrolla su pasión por la escritura conjugando su actividad como gestora cultural y editora.
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