Hoy charlamos con… JESÚS DE MATÍAS BATALLA

Jesús de Matías Batalla (Alcalá de Henares, 1988), periodista y maestro en Radio, actualmente es el responsable de la Revista Digital Playa de Ákaba y colaborador de la editorial. Ha publicado el poemario ‘Los versos del destierro’ (Playa de Ákaba, 2016) y la novela histórica ‘El último nazi irlandés’ (PiEdiciones), y también ha participado en varias antologías de Playa de Ákaba con relatos y poemas. Ha sido galardonado en dos certámenes literarios: en el año 2005 ganó el 2º Premio en el III Certamen Literario Ciudad del Aire, categoría Poesía, de 12 a 18 años, con sus tres poemas ‘A un viejo’, ‘A un niño’ y ‘El final del camino’; y en 2016 ha sido finalista del Primer Certamen de Relato Corto ‘Pluma de cigüeña’, organizado por la editorial PiEdiciones, con su relato ‘El Rey debe morir’. Algunos de sus poemas han sido traducidos al rumano por Elisabetta Boţan y publicados en papel en el número de julio 2017 de la Revista Sintagme Literare (Rumanía)

¿Cuándo supo que quería escribir?

En primer lugar debo darte las gracias por tu interés, Jimena, en la publicación de esta entrevista en ‘El inviernos de las letras’.

No sé exactamente cuándo supe que quería escribir, en el sentido de tener planeado escribir obras literarias de cualquier género de forma seria. Sí es cierto que desde pequeño he escrito pequeñas historias, por ejemplo, memorizando textos que nos contaban en el colegio. Desde los 13-14 años comencé a escribir un relato que terminó por convertirse años después en una novela que no está publicada y que no sé si algún día tendré interés en, al menos, enviarla a editoriales como manuscrito. Y cuando tenía unos 16 años comencé a escribir poesía.

Desde entonces, quizás a los 16 años, empecé a tener más claro que me gustaba mucho la literatura y que con el paso del tiempo vería si llegaba a algún sitio, si alguien leería que lo escribía y le gustaría. El momento exacto, por lo tanto, no lo sé, no tuve un momento de iluminación o epifanía, por llamarlo de alguna manera. Aproximadamente, desde la adolescencia me puse más en serio, pero principalmente de forma privada, sin darlo a conocer.

¿Recuerda lo primero que escribió? ¿Qué edad tenía?

Lo primero que recuerdo y que guardo, a nivel ficción, es el relato que he mencionado que acabó siendo una novela, y que empecé a los 13 años para terminarlo en torno a los 17 años, aprovechando los periodos vacaciones para escribir. Posiblemente antes escribí algo, pero lo he olvidado.

¿Qué lee usted?

Leo mucha novela, es el género que más me gusta, y la narrativa en general. Y dentro de la novela principalmente la convencional, por definirla así, y la histórica. La histórica es un género que me encanta, como amante de la historia que soy. Pero, quitando la novela romántica, que no me llama nada la atención, puedo leer casi cualquier tipo de novela. La ficción o fantasía tampoco son mi predilección, lo que no quiere decir que crea con son malas, sino que no me atraen.

Además, procuro leer mucha poesía, toda la que puedo, española, francesa… Teatro leo muy poco o nada, me gusta más ver la obra representada en un escenario. Y los ensayos me gustan, me estoy acercando poco a poco más a este género y un ensayo que estoy leyendo ahora mismo, en el momento de contestar a este cuestionario a finales de agosto del 2017, es Sapiens. De animales a dioses. Una breve historia de la Humanidad, de Yuval Noah Harari.

Fotógrafa: Sofía Winter

¿Qué libro le gustaría haber escrito?

Hay decenas de libros que son esenciales para la literatura y la humanidad, en todas las etapas de la historia. El Quijote, Hamlet, Los miserables, El conde de Montecristo, Las flores del mal, 20.000 leguas de viaje submarino… Y por supuesto que podría citar muchos más, elegir uno es imposible.

Desde su punto de vista, ¿qué carencias tiene la literatura contemporánea?

Esta es una pregunta muy complicada. No sé hasta qué punto realmente hay carencias a la hora de escribir en la actualidad. Es difícil hacer una medición actual viviendo el momento, comparándolo con épocas previas. La desventaja de nacer más tarde que el resto, en el siglo XX en el caso de todos los escritores actuales salvo que sólo tengan 17 años, es que prácticamente todo está inventado previamente, por lo que los grandes temas de la literatura ya están tratados e inventar algo de cero es realmente complicado.

Nadie puede dudar de la calidad de escritores como Carlos Ruiz Zafón, Javier Marías, Fernando Aramburu, Philip Kerr, Ken Follett. Cada uno busca, como todos los escritores, su nicho literario, una historia que sea diferente en la forma, en personajes, en lugares, en tramas, aunque las reflexiones giren en tornos a los mismos conceptos humanos desde hace siglos, porque no han variado apenas. Es necesario ser originales para tratar temas conocidos y repetidos en infinitas obras, como el amor, la muerte, el olvido, la amistad, la traición, la familia, el sacrificio personal, el odio, el sexo, la violencia o la fama.

Más que a la hora de medir la calidad de las obras, que eso tendrá que dejar poso a lo largo de los años y ninguno lo veremos, hay carencias o problemas en lo que se puede denominar como “el negocio de la literatura”. Más que nada, la desigualdad entre los escritores de más fama y ventas, y los miles de medianos-pequeños escritores, no por calidad, sino por niveles de promoción-venta. Buenos y malos libros publicados los ha habido siempre (no me suena ninguna etapa de la Historia, así a bote pronto, en la que no destaque ningún escritor, pintor, músico…), si sólo se publicaran libros de un 8 para arriba en calidad, muchísimos no se habrían publicado nunca. ¿Pero quién puede ser el capacitado para poner una nota a un libro antes de publicarlo? Nadie, claro.

Por lo tanto, una posible carencia puede ser dar más importancia a un libro sólo por la campaña de marketing que se hace de él que por otra cosa, provocando una vorágine más mercantilista y económicamente interesada que en defensa de la calidad literaria. No por vender más libros, el propio libro y el autor son mejores. Hay una relación, claro, pero hay muchos y muy buenos escritores desconocidos para el gran público. Pero al final la literatura es un negocio porque quien quiera vivir de escribir libros, tiene que venderlos y ganar dinero.

No obstante, y viniéndome a la cabeza un ejemplo, creo que un “enemigo” de la literatura actual es el mundo audiovisual. ¿Cuántas veces hemos oído a alguien decir, incluso en broma, que ‘Mejor me veo la peli y luego ya si eso me leo el libro’? En la actualidad vivimos en un mundo y una sociedad tremendamente visuales, necesitamos ver imágenes en las que se nos explique todo y no hacemos tanto esfuerzo por leer, por imaginar a través de lo que los escritores escriben únicamente con palabras, sin efectos especiales de ningún tipo.

El ejemplo que pongo es el siguiente, que cada lector de esta entrevista piense en la respuesta: ¿Cuántas personas han leído la saga Canción de hielo y fuego, de George R.R. Martin (el primer libro es de 1996) y cuántas ven la serie de televisión de HBO Juego de Tronos, en la que se basa la ficción televisiva? Con esto no critico que haya más conocimiento de la serie o que sea mala, ya que hasta el momento he visto la primera temporada y me parece una serie tremenda.

Lo que critico es que se elija solo ver la serie (o la película, depende de cada caso) y se pase de leer los libros. El audiovisual posiblemente se esté comiendo lo literario en muchos aspectos. No porque haya malas novelas y ninguna buena, porque no es así. Sino porque estamos perdiendo capacidad de reflexión, de reposo, de calma, y nos vemos abocados a vivir en un mundo de prisas en el que se tarda menos tiempo en ver 10 capítulos de 1 hora de duración de una serie que en leer una saga literaria completa, cuyo nivel de esfuerzo, compromiso e imaginación por parte del lector es mucho mayor que el del espectador audiovisual.

Tanto George R.R. Martin como todos los profesionales de Juego de Tronos merecen todo mi respeto. No hay que ignorar a uno en beneficio de los otros, por supuesto. Esa es la cuestión. Siempre será mejor ver la serie y leer la saga, sabiendo que en las adaptaciones al cine y a la televisión se pueden cambiar muchas cosas con respecto a la saga literaria original no por deshonestidad o traición, sino porque siempre se ha hecho así, es incluso necesario y son dos formatos distintos dirigidos a públicos relacionados, formados seguro por muchas personas que coindicen porque leen los libros y ven la serie o la película, pero distintos.

Háblenos de El último nazi irlandés. ¿Fue arduo el proceso de documentación?

El último nazi irlandés es una novela histórica que narra un periodo concreto de la vida de David O’Connor, un miembro del IRA en Éire, Irlanda del Norte y Reino Unido durante el comienzo de la II Guerra Mundial. Es un personaje inventado, ficticio, basado en acontecimientos históricos reales, como el colaboracionismo que existió en parte de Irlanda y el IRA con el nazismo. Aunque O’Connor, que intentará hacer lo posible para lograr su doble objetivo (la independencia y la unidad de Irlanda y la expansión del nazismo) es el personaje principal, no es ni mucho menos el único.

Es una novela en la que aprovechando esta faceta absolutamente despreciable de O’Connor, introduzco otra serie de personajes que muestran la gama de ideologías y comportamientos del ser humano en tiempos de guerra y en ese periodo histórico concreto de Éire en la II Guerra Mundial. Desde otros miembros del IRA hasta políticos y soldados que han sobrevivido al rescate de Dunkerque, pasando por ciudadanos de a pie que se ven afectados por la guerra y por los atentados del IRA.

Por lo tanto, es una novela en la que hay mucha documentación de fondo e incluida en la propia narración, intentando mantener el equilibrio entre la información ofrecida en forma de narrador en tercera persona, con la de los detalles históricos, geopolíticos, etc., incluida en forma de diálogos o acontecimientos, mezclando la ficción con la realidad. Es decir, no es un ensayo, ni una revisión de la Historia, ni un resumen histórico.

Teniendo esto en cuenta, el proceso de documentación más que complicado, porque de la II Guerra Mundial y del IRA y el Sinn Féin hay mucha información, ha sido largo porque un libro lleva irremediablemente a otro. He recurrido a libros de Historia, a ensayos, a biografías, a archivos fotográficos, a hemerotecas digitales de periódicos irlandeses y británicos de la época… Todo ello de forma previa e incluso mientras escribía la novela, ya que siempre hay pequeños detalles, como qué cámaras de vídeo había en la época o cuáles eran las marcas de sombreros existentes, que se pueden incluir al momento de escribir.

Y un detalle que he contado alguna vez es que desde que tuve la idea de escribir esta novela, allá por el año 2011-2012, no he visto ficción alguna ambientada en la II Guerra Mundial en Reino Unido o Irlanda, y prácticamente nada a excepción de ‘Malditos bastardos’ para tratar de escribir una novela en base a mi imaginación y a la documentación obtenida. Aunque al final hay un imaginario colectivo que comparto, al menos en parte, he tratado de no “contaminar” mi novela con personajes, acciones, tramas, etc. tratados previamente. Habrá coincidencias, por supuesto, no conozco toda la ficción escrita o rodada acerca del IRA y Éire en la II Guerra Mundial, pero he tratado de que, buena o mala, mi novela sea mi novela y no haya tentaciones de modificar o simular personajes o ambientaciones ajenas.

¿Fue difícil encontrar una editorial para publicarlo?

No fue nada difícil, ya que aunque desde hace unos 6 años yo estaba documentándome para escribir esta novela, pero sin planes de publicarla todavía, en marzo del 2016 fue finalista del I Certamen de relato corto ‘Pluma de cigüeña’, organizado por la editorial PiEdiciones a nivel nacional. Al recoger el premio de finalista, la editora Puri Sánchez anunció que me ofrecían un contrato de edición para publicar una obra, que ha resultado ser El último nazi irlandés. Así que con todo lo que tenía hecho y lo que me faltaba por escribir, en 11 meses ya estaba publicada esta novela.

Por eso siempre le estaré tremendamente agradecido a los miembros del jurado de este certamen literario, que votó para que mi relato histórico ‘El rey debe morir’, ambientado en París durante la revolución de 1830, fuese finalista. Y a Puri Sánchez e Iñaki Hernán, editores de PiEdiciones, por publicarme la novela.

¿Es complicado el cambio de registro entre poesía y novela negra?

Bueno, técnicamente El último nazi irlandés no es una novela negra, sino histórica. No hay una investigación de crímenes por parte de ningún detective. Pero igualmente es un género muy distinto al de la poesía. No es que sea complicado el cambio de registro porque a lo largo de mi vida he simultaneado escribir prosa y lírica. Simplemente cambio de registro y depende del momento que esté viviendo. No es igual la inspiración para escribir un poema, de versos rimado y medido o, por el contrario, de verso libre, que una narración tipo relato o novela.

El poema, a pesar de ser una construcción elaborada, una forma de narración con una introducción, un nudo y un desenlace (como la historia que cuenta en Los versos del destierro de un poeta desde que se enamora y sufre desamor por miedo, en adelante), es para más impulsivo que la narrativa, a la que le dedico más pausa y más tiempo. La poesía al final es una forma de reflexionar y de dar una especie de golpe al lector, habitualmente con poemas cortos, no muy extensos. ¿Esto quiere decir que un poema lo escribo en 10 minutos? Obviamente no, pero la poética es más impulsiva, es más un arrebato: la idea me llega sin saber cómo y siento la necesidad de escribir.

En la narrativa, en la novela, puedo sentir un arrebato mediante el cual tengo la idea de escribir una historia, un relato, o una novela. Pero me resulta mucho más complicado escribir una novela a base de arrebatos, de impulsos. Como mucho, cuando me llega una buena idea (o por lo menos, más bien, una idea que a mí me gusta) lo que hago es apuntarla: anoto un par de indicaciones básicas de cómo quiero que sea, su argumento principal, quizás el número de personajes protagonistas, el lugar… y dejo reposar la idea para tratarla y ponerme a escribir más adelante. Con un poema no me pasa lo mismo: me surge la idea y enseguida tengo que ponerme a escribir: si veo que funciona, los versos llegan solos; si no estoy inspirado, si los versos no fluyen, lo dejo, seguramente borro el poema y me olvido de él.

¿Qué significa para usted la literatura?

Es una magnífica manera de expresarme, de crear mundos nuevos, ficticios, en los que trasladar, por ejemplo, cuestiones, reflexiones e incluso vivencias de la realidad o de mi realidad. Es mágico pensar cómo es posible, con todas las maravillas que nos rodean, que los humanos escribamos, inventemos, y leamos lo que otros escriben e inventan en lugar de salir a la calle y vivir de primera mano historias que superan a las ficciones. La literatura es, eso, magia.

¿Cuáles son sus próximos proyectos?

Actualmente estoy escribiendo un libro de relatos cortos homenaje a Julio Cortázar. De momento tengo ya escritos y corregidos algunos, y en los próximos meses quiero continuar. También estoy empezando a escribir un poemario que estará compuesto por versos rimados y medidos. Aún no sé exactamente qué tipos de estrofas usaré, pero tengo ganas de centrarme más en los sonetos. Sin embargo, debido a mi trabajo como periodista, tengo en stand by ambas obras hasta que esté más liberado.

¿Qué es lo que más le gusta de escribir?

La capacidad de crear esa magia a la que me he referido antes, la de escribir historias que los lectores quieran leer, sabiendo que son mentira, ficción, pero que no les importe porque les gusta y dedican parte de su tiempo para leerlas. Es algo maravilloso llegar a escribir algo así y que quien no te conoce, te conoce poco o mucho, compre lo que publicas y lo lea. Y si comentan que les ha gustado, que han aprendido algo nuevo, que les ha emocionado, es todo un honor y una alegría. Es el motivo por el que los escritores les debemos estar siempre agradecidos a los lectores.

¿Le gusta más su faceta de periodista o de escritor?

Son dos facetas muy diferentes que comparten el hecho de que, mayoritariamente, lo que he hecho en periodismo ha sido escribir (sobre todo en mis más de dos años en la agencia Europa Press, más 9 meses en RNE y unos cuatro meses haciendo anuarios de empresas en la revista Actualidad Económica). Me gusta ser periodista, me gusta informar, soy una persona que necesita estar informada por curiosidad y por intentar tener el mejor conocimiento de la realidad, con el sesgo que aporta cada medio de comunicación, para poder enfrentarme al mundo con una herramienta más: la información.

Y la obligación que tenemos los periodistas de informar con honestidad a los ciudadanos como vía para que ellos esté informados, no simplemente para sentirnos poderosos, hay que huir de los periodistas protagonistas que se creen más importantes que la realidad y las noticias que dan.

Por otro lado, mi faceta de escritor también me gusta mucho para poder crear realidades diferentes e inventadas, como he explicado en la pregunta anterior. Es difícil decidirme por una de mis dos facetas, aunque puedo decir que la libertad que tengo como escritor obviamente no existe en mi faceta de periodista. Y eso, tal vez, es lo que inclina la balanza un poco más del lado de la literatura. Pero solo un poco, ya que estoy muy ilusionado con mi carrera periodística, es la profesión y el oficio al que quiero dedicarme toda mi vida si es posible.

¿Qué diferencia hay entre el periodista y el escritor?

Hay muchas diferencias, más allá de que como escritor escribo lo que quiero y tengo absoluta libertad para escribir tal y como me place, de la manera que creo que puedo expresarme mejor y, con suerte, gustar a los lectores. La diferencia más clara es que el escritor no tiene que ser ni objetivo ni honesto ni ceñirse a la realidad, porque trabaja con la ficción, con su imaginación, con su capacidad de inventar lo que quiera. El tipo de honestidad es distinto entre el escritor y el periodista, no se basa en que lo que tenga que contar sea cierto porque el punto de partida, el pacto no escrito entre escritor y lector, es que el libro está lleno de mentiras, que nada es cierto y que seguramente nada será cierto nunca (obviamente, estoy hablando de ficción, no de biografías, autobiografías o ensayos).

Por el contrario, el periodista no puede ni debe inventarse nada. Una cosa es, por ejemplo, la interpretación de la realidad que se hace en una columna de opinión o en un editorial, y otra muy distinta es ceñirse al 100% a la realidad para informar. El periodista que se dedica a escribir noticias o entrevistas, como es mi caso, debe trasladar fielmente al 100% lo que las fuentes informativas (políticas, economistas, banqueros, biólogos, deportistas, escritores, actores, catedrático y un largo etcétera) afirman. No puede haber ni una pizca de invención y las opiniones, juicios de valor, propuestas, etc., deben ir siempre entrecomilladas en los textos para diferenciar la narración explicativa y contextual que ofrece el periodista, de las declaraciones textuales de la fuente.

Y, concretamente en lo relacionado a mi trabajo principalmente como periodista de agencia, el formato de los teletipos (como se llaman las noticias de agencia) está estructurado y hay que seguir unas normas básicas de sujeto-verbo-predicado; el uso de unas expresiones o estructuras lingüísticas establecidas como “Así”, “Por el contrario”, “En este sentido”, “Además”, “Asimismo” al comienzo de las oraciones; o anteponer el cargo al nombre (“el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy”, y no “Mariano Rajoy, presidente del Gobierno”, por poner un ejemplo claro que cualquiera puede entender).

Esa es la diferencia primordial entre el periodista y el escritor, en general, y en lo referido a mí. La literatura es libre, puedo escribir lo que yo quiero y como yo quiero; el periodismo está ceñido a normas y al visto bueno de mis superiores, que tienen que leer todo lo escribo antes de publicarse.

Muchas gracias por su participación en el blog cultural El invierno de las letras. Le deseamos éxito en su trayectoria literaria.

Acerca de Jimena Tierra

Jimena Tierra (Madrid, 1979) es escritora y editora del Grupo Tierra Editorial. Licenciada en Derecho por la UAM, se especializó en materia financiera. A lo largo de su trayectoria literaria ha estudiado criminología, así como talleres de género negro impartidos por profesores como Alberto Olmos, María José Codes o Philip Kerr. Es autora de algunos poemas y múltiples relatos cortos, entre los que destaca Escombros, ganador del concurso de Ediciones Saldubia 2014. En el mismo año, fue galardonado su soneto La vida es Aragón. La vida es sueño, obteniendo el premio de lírica en la convocatoria Atrévete a rimar Aragón con... sueño. Ha sido finalista en el certamen Don Manuel de Moralzarzal (2017), ha publicado un libro de relatos negros titulado Conozco tus secretos y ha editado su novela Equinoccio, alcanzando la cuarta edición. En la actualidad, desarrolla su pasión por la escritura conjugando su actividad como gestora cultural y editora.
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