Hoy charlamos con… DAVID KNUTSON

David Knutson es nativo de Iowa. Comenzó a estudiar español en la escuela secundaria y fue maestro de español en la Universidad de Hamline en St. Paul, MN. En la universidad, pasó su primer año en la Universidad de Granada en España. Después de completar su licenciatura en Hamline, se desempeñó como voluntario de VISTA con programas de alfabetización y de inglés como segundo idioma en las ciudades gemelas antes de comenzar los estudios de posgrado en la Universidad de Wisconsin-Madison.

El Dr. Knutson enseñó durante dos años en Clarke College en Dubuque, IA, y se convirtió en miembro del cuerpo docente de Xavier en agosto de 1994.

Mientras estuvo en Xavier, ha acompañado a grupos de estudiantes a Nicaragua, México y España, y ha servido en el Comité de Computación Académica, el Comité de Honores Públicos, el Consejo Asesor de Diversidad, la Junta de Estudios de Pregrado, El Comité de la Facultad. Fue Presidente del Departamento de Lenguas Modernas de 2006 a 2012. Durante el año académico 2007-08, participó en la primera cohorte de la Xavier Leadership Academy.

El Dr. Knutson vivió en Madrid durante el año académico 2003-04 como profesor visitante con el University Studies Abroad Consortium (USAC) en el semestre de otoño y en una investigación sabática en la primavera. También trabajó como profesor visitante de la USAC en Alicante durante las sesiones de julio de 2011 y 2012. Además de su beca sobre el novelista español Eduardo Mendoza, ha publicado artículos y presentaciones sobre numerosos temas relacionados con la literatura española de los siglos XIX y XX .

  1. Desde su punto de vista, ¿qué carencias fundamentales tiene la enseñanza actual?

Para mí, es difícil hablar de “la enseñanza” como una masa sólida, y por lo tanto me cuesta identificar carencias generales ya que cada individuo que ejerce la docencia tiene sus méritos y sus faltas. Aun así, me parece que un error común es la desconexión entre la enseñanza y la experiencia. En la academia muchos pecamos de ignorar el valor educativo de las actividades en el así llamado mundo real. Tengo colegas en la facultad que no quieren saber nada de lo que hacen nuestros alumnos cuando no están en el aula; luego no les interesa pensar en qué nuestros alumnos van a hacer después de sus estudios universitarios porque piensan que esos asuntos no les incumbe. En realidad, esta descripción es bastante exagerada, pero quiero decir que nos falta conseguir una buena relación entre la teoría y la práctica. No vamos a regalar créditos y notas académicas por actividades que no tienen que ver con las asignaturas, pero al mismo tiempo debemos reconocer el valor de las prácticas  cuando apoyan los objetivos educativos y lo podemos confirmar y evaluar.

  1. ¿Recuerda el primer libro que marcó su vida?

Ojalá recordara los primeros libros que me leyeron mis padres, porque seguramente podría dar una respuesta exacta si fuera así. Pero tengo claro que las horas que pasaron mis padres leyéndome, y luego escuchándome leer, fueron fundamentales en mi formación intelectual, tanto entonces como ahora.

En la escuela primaria me empecé a perder en la lectura cuando estaba en cuarto o quinto. Muchas veces llevaba unos cuantos libros a clase para poder aprovechar el tiempo cuando terminaba los deberes pronto. Y tenía la mala costumbre de darme prisa por terminar los deberes aunque saliera mal para leer más. Me gustaban las series de adolescentes investigadores como Hardy Boys y Enciclopedia Brown. Supongo que también leía a Nancy Drew, pero admitirlo habría sido difícil para un chico en aquel entonces. Sin embargo, consumía las historias de Laura Ingalls Wilder (La casa del bosque, La casa de la pradera, A orillas del río Plum etc.) porque contaban la vida de mi región de los EEUU y me interesaba la historia de mi tierra.

En la secundaria, leí todas las novelas de John Steinbeck que tenía la biblioteca de mi instituto. Además de Las uvas de la ira, me impresionaron Al este de Edén y El invierno de mi desazón. También leía obras de literatura inglesa en clase, como Los cuentos de Canterbury y  El paraíso perdido. Pero no crean que no era un niño normal. También montaba en bicicleta, iba a la piscina municipal y jugaba al béisbol.

Ojalá pudiera decir que había leído El Quijote cuando tenía 13 o15 años. La verdad es que lo intenté hacer con una traducción, pero no fui capaz de superar el primer capítulo hasta mis estudios de másters.

  1. ¿Qué lee usted?

Como especialista en novela negra española, intento leer todas las novedades que me recomiendan. En los últimos cinco años, he podido ampliar el tema de la novela negra rural. Ha sido relativamente novedoso porque todo el mundo crítico y académico venía manteniendo que la novela negra tiene que ser urbana. No obstante, había empezado a leer muchas obras escenificadas en zonas rurales. Esto va siendo más común en España ahora, pero creo que ha habido tendencias anteriores en otros países. Por ejemplo, en EEUU, Craig Johnson y Donald Woodrell? Escriben historias del campo profundo. En Escandinava, las líneas entre la vida urbana y rural no son tan definidas, y me encantan Jo Nesbø y Karin Fossum de Noruega y Arnaldur Indridasson de Islandia. Ya que mis antepasados emigraron de los países nórdicos, siempre me pregunto qué personaje habría sido mi vida si mis bisabuelos no se hubieran embarcado para Norteamérica en el Siglo 19.

  1. ¿Qué libro le gustaría haber escrito?

Cualquier libro que haya ganado un premio importante. Pero en serio, no me había planteado escribir una novela hasta hace poco. Ahora que muchos compañeros míos compaginan otras profesiones con la autoría de novelas, voy formando la idea de una novela negra mía. No voy a revelar muchos detalles, aparte de que el protagonista tendría que ser un profesor de estudios hispánicos que ayuda a resolver casos en España.

  1. ¿Qué opina acerca de la concesión del Premio Cervantes a Eduardo Mendoza? ¿Es necesario el humor en la literatura?

Sería difícil exagerar mi alegría la mañana que leí la noticia sobre el Premio Cervantes de Mendoza. Ya que escribí la tesis doctoral sobre sus novelas iniciales, me sentí confirmado en la trayectoria académica que había adoptado para mis estudios, y Mendoza ha seguido publicando textos interesantes que me han surtido de más materia prima para investigar con cierta frecuencia.

Durante la defensa de mi tesis, un profesor del tribunal me hizo justificar el estudio de un novelista que él veía como poco serio. Pero él era especialista en Valle Inclán, quien tenía que ser bastante novedoso en su propio tiempo. El tiempo nos ha justificado a los dos.

En cuanto al humor en la literatura, no sería necesario, pero siempre se agradece. A fin de cuentas la expresión “enseñar deleitando” no debe parecernos muy innovadora. Para mí, es obvio que Mendoza trata unos temas muy serios de la transición a la democracia en España en las décadas de los setenta y los ochenta, y ahora sigue descubriendo muchas injusticias sociales de la vida contemporánea—muchas de las cuales tienen cimientos en sus obras iniciales. El hecho de que Mendoza aporte un humor resignado a realidades no significa que dejen de ser serios e importantes.

  1. Respecto a la novela negra en el ambiente rural, ¿por qué piensa que el escenario de la mayoría de ellas se desarrolla en los bajos fondos de las grandes ciudades?

Más que nada por costumbre, y porque los críticos no han asociado los escenarios rurales con la novela negra. En mis investigaciones he encontrado ejemplos de novela negra rural contemporáneos de los escritores identificados como los originadores del género en el Siglo 19. Pero las relaciones son obvias en cuanto uno se pone a ver los ejemplos de textos y autores. Luego, no hay duda sobre la prevalencia de obras urbanas, que se debe a cuestiones demográficas. Si la población se concentra en las ciudades hoy en día, y los autores escriben en escenarios que conocen, es lógico que vaya a haber más cadáveres yaciendo sobre el asfalto de una ciudad que en el barro del campo.

  1. Para usted, ¿qué cualidades debe tener un buen maestro?

Un buen maestro tiene que ser flexible. Debe ser experto en la materia, pero admitir que no lo sabe todo. Esa mezcla de confianza y humildad se convierte en una cuerda floja de la que es fácil tirarse. De hecho, yo me caigo casi todos los días, pero con la experiencia me he podido levantar siempre.

La flexibilidad se refiere, también, a reconocer las circunstancias de cada clase y cada alumno/a. Algunos grupos e individuos son más adeptos de otros, pero puede ser por muchas circunstancias que no tienen que ver con la inteligencia o capacidad. Entonces, debemos respetar a cada persona y facilitar su acercamiento al tema. También, a mí me viene bien reconocer que los temas que enseño no son la esencia de la vida. Puede que ayuden a unos jóvenes a entender mejor su mundo, pero hay muchas maneras de formar a una persona. Yo, como maestro, puedo aportar algo, pero no soy el único participante en un proceso largo.

  1. ¿Cuándo supo que quería enseñar?

No me lo había planteado hasta que varios profesores míos me recomendaron que lo considerara. Siempre he tenido buena memoria por las lecturas y otras experiencias, y soy capaz de relacionar temas muy dispares para ilustrar ideas y ejemplos. A veces, estos paralelos les extrañan a mis alumnos, pero con tiempo les ayudan a recordar conceptos complicados. La enseñanza puede ser una de las pocas profesiones en las que este tipo de imaginación le permite a uno ganarse una vida decente. Y ojo con la palabra “decente”; no he dicho “lujosa” u otra cosas similares.

  1. ¿Qué significa para usted la literatura?

Siempre recuerdo la frase de Galdós en su discurso de Ingreso en la Real Academia Española: “Imagen de la vida es la novela”. Si citara el resto de la referencia no tendría espacio para mis propios comentarios, puesto que Galdós consideraba la reproducción de todo como su ámbito. Entonces, yo veo la literatura como un vehículo para probar aspectos de la vida que no estén muy accesibles, y bien ver el reflejo de mi propio ambiente en los ojos de otra persona. Las dos perspectivas amplían lo que yo puedo ver—y quién puedo ser. A veces, me permiten asumir experiencias que no tendría de otra forma, en otras ocasiones me hacen cuestionar algo que ya tenía por establecido y sólido. La posibilidad de hacerme y luego deshacerme con otra forma de vida es un regalo que me concede la literatura de cualquier tipo, y las reflexiones posteriores me hacen sentir más conectado con el resto del mundo.

  1. En alguna ocasión le he escuchado decir que usted mismo pagaría por trabajar en lo que trabaja. ¿Se ha planteado hacer algo distinto alguna vez?

Claro que sí. Cuando llegamos a cierta edad es normal que pensemos en alternativas no vividas o posibilidades para lo que nos quede del futuro. Al mismo tiempo, estoy muy contento con mi trabajo. Creo que la primera vez que dije que pagaría por hacer este trabajo iba a enseñar a Mendoza y Cervantes el mismo día. ¿Quién no pensaría que eso era un privilegio? Había pasado varias horas leyendo para preparar las clases, disfrutando de la lectura y pensando en cómo iba a transmitir el mismo aprecio en mis clases.

Por si eso fuera poco, ahora me veo en una etapa de conocimiento y ampliación de contactos profesionales en todo el mundo. Estas interacciones son tan agradables personal como útiles profesionalmente. ¿Para qué cambiaría ahora?

Muchas gracias por su participación en el blog cultural El invierno de las letras. Le deseamos éxito en su trayectoria literaria.

Ha sido un placer para mí. Ojalá no sea la última vez que podamos intercambiar impresiones.

Acerca de Jimena Tierra

Jimena Tierra (Madrid 1979) es escritora y editora, licenciada en Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid, especialista en materia financiera. A lo largo de su trayectoria literaria ha realizado asignaturas de criminología, así como varios talleres de escritura creativa y género negro, impartidos por profesores como Alberto Olmos, María José Codes o Philip Kerr. Es autora de algunos poemas y múltiples relatos cortos, entre los que destaca Escombros, ganador del concurso de Ediciones Saldubia 2014, que fue incluido en una antología. En el mismo año, fue galardonado su soneto La vida es Aragón. La vida es sueño, obteniendo el premio de lírica en la convocatoria Atrévete a rimar Aragón con... sueño. Por medio de la editorial Playa de Ákaba, ha participado en el libro de entrevistas Hablar de libros es bueno y ha publicado su novela negra Equinoccio, llegando a convertirse en libro de éxito durante los tres primeros meses desde su presentación en octubre del 2016. Desarrolla su pasión conjugando los servicios editoriales.
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