Hoy charlamos con… EDUARDO SÁNCHEZ AZNAR

Licenciado en Derecho y Máster en Criminología, ha cursado también estudios de Historia y Escritura Creativa, con Juan Jacinto Muñoz Rengel, Elvira Navarro y Rosario Curiel. Participa en varios volúmenes de la «Generación Subway» y de otras antologías de la editorial Playa de Ákaba, que también ha publicado su novela El manipulador de sueños (2016) e Inquietudes y compañía (mayo de 2017), que recoge buena parte de su obra breve.

  1. ¿Cuándo supo que quería ser escritor?

Para mí, la literatura es lectura y escritura. La escritura es la continuación de de la lectura por otros medios. De hecho, me defino como Lectoescritor. Yo creo que supe que quería escribir cuando aprendí a leer… quizá antes, porque desde las primeros cuentos que me contaba mi padre, ya crecía en mí la inquietud por conocer cómo podrían acabar esas historias si algo hubiera sucedido de manera distinta. Qué pasaría sí… De ahí a las ganas de aprender a leer y, en seguida, a escribir, hubo muy poca distancia. Creo que escribí mi primer cuento con siete u ocho años…

  1. Las letras están en decadencia. ¿Por qué cree que apenas se lee? ¿Cómo se podría incentivar a los lectores?

Es una pregunta difícil de contestar para un enamorado de la lectoescritura. ¿Cómo podría incentivar yo a un no lector, a un lectoescéptico?

Difícil, muy difícil sin caer en los tópicos. La lectura amplía tu conocimiento, abre tu mente, te pone en contacto con otros mundos, organiza tus esquemas mentales, te proporciona satisfacción, incluso bienestar físico. Todo eso es cierto, pero la verdad es que yo leo —y escribo— porque me gusta. Y si empiezo a contar que la lectura —y la escritura— me cuestan dinero, porque compro libros, porque asisto a talleres de escritura, etc., mi lectoescéptico se llevará las manos a la cabeza. Pero a mí me merece la pena: como conocimiento, como entretenimiento, como forma de explorar y explorarte, como pasión, como camino de vida. Quizá como realización del deseo de crear, de transformar tus sueños, de compartirlos. Tantas, tantas cosas. ¡Y el lectoescéptico se lo quiere perder! ¿Qué hacemos con él?

Un amigo mío tiene dos niñas. Mi amigo es también lectoescritor. Les leía cuentos desde pequeñas, a media luz; terminaba incluso las historias con la luz apagada. El otro día quedamos unas cuantas familias (niños y adultos) para ver el fútbol en casa. En medio del griterío, estas dos niñas estaban sentadas, con sus gafas puestas, leyendo. Cuando marcaban algún gol, levantaban apenas el brazo para celebrarlo y seguían leyendo. En el descanso del partido, cerraron los libros y se incorporaron al resto del grupo. Pude hablar con la mayor, once años (casi doce, como dice ella). Me dijo que estaba escribiendo una novela, las aventuras de unas niñas, y ya lleva cinco capítulos…

¿Qué les diría yo a los que no leen? ¡Vosotros os lo perdéis!

  1. En la ciencia ficción, ¿no es mejor el cine que la lectura?

La ciencia ficción está llena de preguntas. Si se responden mejor con imágenes o con páginas, es también difícil de decir. Hay historias, como Solaris, que han tenido adaptaciones muy buenas en cine, pero creo que ganan mucho más en papel. La trilogía clásica (Un mundo feliz, 1984, Fahrenheit), aún siendo muy visuales, siguen teniendo millones de lectores, año tras año. Hay excelentes películas de ciencia ficción, todos esperamos con ilusión el retorno de Blade Runner… Pero incluso en esta obra maestra, lo que te queda al final, sobre todo, es la historia, las palabras, ese monólogo final del replicante. Las grandes películas son muy narrativas. O muy poéticas. O una mezcla. El cine es la continuación de la literatura. Son artes que van de la mano. Uno siempre se imagina cómo será una escena que lee en una novela. Pero también cuando está en el cine imagina cómo sonarán esas palabras, qué sentirá al vivir esa trama a través del las páginas. Lo estamos con las grandes series, que tienen tanto éxito como los libros.

  1. ¿Qué libro le gustaría haber escrito, pero se le adelantaron?

Ufff… ¡Muchos! Cualquiera de los que he citado antes. La carretera, de Cormac McCarthy. El Quijote, por supuesto. La Colmena. Cinco horas con Mario. Infinidad de cuentos de Ana María Matute, y también de Julio Cortázar. La llamada de lo salvaje, de Jack London. Retorno a Brideshead. Muchas novelas juveniles, desde Enid Blyton hasta Julio Verne pasando por Walter Scout y Emilio Salgari…  Cuando empiezas a escribir, es inevitable el deseo de emular, de lograr algo igual a lo que te ha marcado. Con diez, doce años, traté de escribir una novela completamente plagiada de Los Cinco. Hoy quizá te diría que me  hubiera gustado levantarme un día con el manuscrito de La carretera con mi nombre debajo…

Creo que conseguir tu propia voz, tus propios universos narrativos no consiste tanto en romper con esa memoria de lo leído, sino en hacer tu propia lectura, con tu propia lente                   —siempre deformante, singular— del mundo que quieres contar.

  1. Desde su punto de vista, ¿qué carencias tiene la literatura contemporánea?

Bueno… Después de la muerte de dios que alguno, o muchos pretenden, el derrumbe de las ideologías, el existencialismo, las guerras apenas soterradas, la relativización, la Crisis de las crisis… el hombre cuenta con pocos asideros. El arte y la literatura pueden expresar todo eso, ese malestar. Por otro lado, surgen fenómenos que buscan rutas de evasión. Tenemos buena muestra de ambas cosas.

Nada de eso es nuevo, sin embargo la mayor incertidumbre es el futuro del arte, de la literatura, de la cultura en general. Un futuro que ya es presente: periódicos que cierran, medios que desaparecen, editoriales que no continúan, autores que no pueden sobrevivir.

No sé cómo afectará eso, si podremos sobrevivir a la virtualización de la cultura: el autor necesita comer, los editores, maquetadores, publicistas. Si todo eso se disuelve en la Red, donde todo parece tan fácil, gratuito y sin esfuerzo, la cultura tendrá que reinventarse profundamente… O no. Hoy la pereza mental y el todo gratis hacen que la gente considere carísimo un libro electrónico por 9 euros, cuando te lo puedes descargar por nada. Existe también una tendencia a confundir los diferentes órdenes artísticos a estos efectos. Hay quien reclama libros electrónicos bajo «tarifa plana» como se hace con la música en portales tipo spotify o google play. Así, hay quien no entiende que un solo libro cueste 9 euros, cuando por poco más disfrutas de todas la música libre que quieras durante un mes. Quienes así argumentan no tienen en cuenta que los libros no son igual que la música, que el cine no es igual que el teatro, y que no es lo mismo la pintura que la fotografía. Se trata de rentabilizar la inversión y que no existan pérdidas para nadie, y eso conlleva un diferente tratamiento y cristaliza en precios y oferta distintos, que no se pueden comparar.

  1. Háblenos de sus inquietudes.

Soy bastante inquieto. Si no estoy leyendo o soñando, es difícil que pueda «dejar la mente en blanco». De ahí siempre acaban surgiendo historias. Pero entre los muchos pensamientos que se repiten está la crisis de la sociedad, el medio ambiente, la pérdida de la memoria, de la identidad, la manipulación encubierta, la falta de autenticidad, los intentos por eliminar cualquier responsabilidad por los actos propios, eludir la culpa… La pérdida, en fin, de Todo aquello que era sólido —en palabras de Antonio Muñoz Molina, ensayo imprescindible–. En este mundo líquido, la literatura (es un asidero, un salvavidas.

  1. ¿Qué es la Generación Luar?

Es otro de mis asideros, mi Núcleo Duro. Nos conocimos hace casi nueve años, en los talleres de Fuentataja con Juan Jacinto Muñoz Rengel. Hemos construido, alrededor de nuestras inquietudes, un grupo de sólida amistad. Nos reunimos casi todas las semanas, y casi siempre en el Mesón O Luar, cerca del edificio donde antes estaban los talleres. Todos estamos presentes en las aventuras literarias (publicadas o no) de los demás. Así lo reconozco yo en El manipulador de sueños y sobre todo en Inquietudes y compañía, con un recuerdo para todas ellas, en el prólogo y en varios relatos. Especialmente a nuestra querida y siempre presente Amalia, que acaba de fallecer.

  1. ¿Resultó difícil encontrar una editorial que aceptara sus propuestas?

Fue también gracias a la Generación Luar. Una de estas amigas me puso en contacto con Playa de Ákaba, conocí a Rosario Curiel, en principio para hacer otro taller sobre distopía, una cosa llevó a la otra… y el resultado fue «El manipulador de sueños».

  1. ¿Con qué sueña usted?

Sobre todo con mis inquietudes. A veces con imágenes confusas, otras más definidas. Algunas veces despierto con una sonrisa, que puede ser alegre o triste. Otras veces me despierto temblando, incluso gritando. Pero nos llevamos bien, mis sueños y yo. No sé que haría sin ellos.

  1. ¿Qué significa para usted la literatura?

Pues a preguntas anteriores me remito: un deseo, una necesidad, una pasión, un modo de vida. La continuación de los sueños y/o de la imaginación por otros medios

  1. Le han servido sus conocimientos en Criminología e Historia para alguno de sus textos?

Por supuesto. Mi inquietud (obsesión, quizá) por la memoria nace de mi afición por la Historia. La Criminología es una aproximación a mundos que parecen más lejanos. La estructura de la sociedad, el enigma del mal, la pareja criminal (víctima y delincuente). También tiene una poderosa influencia en mi literatura, en mi mirada el Derecho: esa vieja aspiración a resolver los conflictos, a restaurar la justicia por medios humanos, razonables.

  1. ¿Cuál es el relato al que tiene más cariño?

Seguramente a «La alegría de vivir en el mundo», escrito con diecisiete años y premiado en la revista escolar. Recupero al Eduardo de aquellos años (1987/1988) cuando lo leo. Aunque todos los que están dedicados tienen un valor muy especial y los siento como parte de mí.

  1. ¿Y con el que más se identifica?

Me gusta pensar que con «Maneras de vivir», pero no soy tan auténtico. No sé si daría el paso final que da el protagonista.

 

Muchas gracias por su participación en el blog cultural El invierno de las letras. Le deseamos éxito en su trayectoria literaria.

Acerca de Jimena Tierra

Jimena Tierra (Madrid, 1979) es escritora y editora del Grupo Tierra Editorial. Licenciada en Derecho por la UAM, se especializó en materia financiera. A lo largo de su trayectoria literaria ha estudiado criminología, así como talleres de género negro impartidos por profesores como Alberto Olmos, María José Codes o Philip Kerr. Es autora de algunos poemas y múltiples relatos cortos, entre los que destaca Escombros, ganador del concurso de Ediciones Saldubia 2014. En el mismo año, fue galardonado su soneto La vida es Aragón. La vida es sueño, obteniendo el premio de lírica en la convocatoria Atrévete a rimar Aragón con... sueño. Ha sido finalista en el certamen Don Manuel de Moralzarzal (2017), ha publicado un libro de relatos negros titulado Conozco tus secretos y ha editado su novela Equinoccio, alcanzando la cuarta edición. En la actualidad, desarrolla su pasión por la escritura conjugando su actividad como gestora cultural y editora.
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