Hoy charlamos con… FELIPE SERRANO

Felipe Serrano. Periodista. Vinculado a Radio Madrid (Cadena SER) desde hace 23 años. Redactor de información política local, ahora sobre el Ayuntamiento de Madrid. Antena de Plata de Radio. Premio Asociación de la Prensa de Madrid (APM) 2013 al periodista especializado en Madrid. Autor de otros dos libros: Hotel Ritz. Un siglo en la historia de Madrid (Ediciones La Librería. 2010) y El tamayazo. Crónica de una traición (Catarata. 2013).

«Uno escribe por necesidad, pero también como terapia. Y con frecuencia, la bendita tarea de juntar y ordenar palabras puede resultar incluso placentera hasta unos límites insospechables. Porque no hay gozo equiparable al de poder contar historias, crear personajes, forjar sentimientos, retratar pasiones, recrear sueños y evocar mundos imaginarios o envidiables. Historias con frecuencia más intensas que las que habitualmente trazan nuestra propia existencia y cuyo fin último no puede ser otro que buscar la complicidad del lector, atraparlo y conmoverlo».

  1. ¿Cuándo supo que quería escribir?

Como casi todos, diríamos que el primer “cosquilleo” vino provocado por las lecturas adolescentes, básicamente autores de aventuras y misterio (Stevenson, Verne, Salgari, Poe). El deseo de emularles fue parejo al disfrute literario. El segundo aguijonazo lo sentí un poco más tarde cuando participé en una revista escolar en el colegio donde estudiaba. Por esa misma época ya disfrutaba también con la incipiente idea de dedicarme algún día al periodismo. Creo recordar que el proceso fue simultáneo, al fin y al cabo ambos oficios, periodista y escritor, se alimentan de la misma materia prima.

  1. ¿Recuerda lo primero que escribió? ¿Qué edad tenía?

Lo primero digno de mención fue un poemario que por pudor no me he atrevido a releer. Y ya va siendo hora de que lo haga. Debía tener unos 18 años y aún recuerdo con cierto deleite cómo disfrutaba creyéndome quien no era. Y también un puñado de relatos, que igualmente permanecen a buen recaudo en una carpeta olvidada en algún rincón de mi escritorio, que también me he propuesto desempolvar cualquier día de estos. Tarde o temprano debería tener el valor de abrir esa carpeta, entre otras cosas, para reencontrarme también con aquella lejana época de mi vida en la que soñaba con ser un escritor maldito y bohemio. Al final opté por el periodismo que es lo más parecido y donde además me pagan por escribir.

  1. ¿Qué lee usted?

De todo porque todo me interesa, bien es cierto que, por razones de mi oficio, buena parte del tiempo lo paso pegado a la actualidad informativa, muy absorbente y con frecuencia mucho menos placentera que la ficción. Ahora mismo estoy con Fernando Aramburu y su Patria y de lo último que he leído me quedo con el buen sabor de boca que siempre dejan Pierre Lemaitre, Jo Nesbo, Gay Talese, Henning Mankell, Donna Tartt o Jonathan Franzen. Y de nuestros autores más cercanos, me gusta aprender de Lorenzo Silva, Alexis Ravelo, David Llorente, Javier Cercas o Jesús Carrasco, por citar tan solo a aquellos cuyas lecturas tengo más recientes. En cualquier caso, lo que de verdad me resulta frustrante es ver cómo se me acumulan los ejemplares que deseo leer imperiosamente y que no puedo hincarles el diente porque nadie ha inventado aún la manera de estirar el tiempo. Mi único consuelo es que podré tener unas vacaciones veraniegas muy lectoras y que, entonces, podrá desquitarme.

  1. ¿Qué libro le gustaría haber escrito?

No sabría decirte. Tal vez una gran novela rural con un detective al estilo de Plinio y de don Lotario. Claro que después de leer a Francisco García Pavón a uno se le quitan las ganas de imitarlo, dada la magistral pericia del escritor manchego. Quizá una gran novela sobre Madrid y su vida cotidiana desde que era Villa y Corte, pero ya se me ha adelantado Antonio Gómez Rufo con ‘Madrid. La novela’. Sueño igualmente, por desearlo que no quede, con una novela histórica donde haya intriga y misterio al estilo, por ejemplo, de El nombre de la rosa, de Eco.

  1. Desde su punto de vista, ¿qué carencias tiene el periodismo contemporáneo?

El asunto es bien interesante pero muy complejo dado que el “viejo periodismo” se resiste a morir y el nuevo no acaba de nacer. Pienso, en todo caso, que las principales carencias tienen más que ver con la precariedad laboral y la crisis que siguen arrastrando los medios que con una pérdida del rumbo informativo, que también es posible. La irrupción de las nuevas tecnologías y, sobre todo, de las redes sociales, están cambiando los hábitos de los consumidores y, aunque el ejercicio de la profesión debería estar sujeto a los mismos requisitos de siempre (honestidad, veracidad, comprobación de los datos), estos preceptos básicos no siempre son tenidos en cuenta. Por la manida urgencia informativa, cuando no por desidia. Me preocupa la sobreabundancia de información, pero más aún la superficialidad y la escasa capacidad de maniobra de los medios para profundizar en los temas relevantes. La contaminación política, los intereses partidistas, las presiones de todo tipo y la pujanza del periodismo declarativo, en detrimento de los hechos y datos, son también algunos de los otros males de nuestros días.

  1. ¿Recuerda lo más difícil que ha tenido que narrar, como periodista o escritor?

Como periodista, sin duda, los atentados terroristas o determinados casos violentos que afectan a menores o mujeres. También en los que están implicadas otras personas vulnerables como inmigrantes o que sufren las injusticias del poder. A eso es algo a lo que uno no se acostumbra nunca. Como escritor todo es más fácil y menos comprometido. Sobre todo porque son situaciones reversibles y en las e el autor tiene un amplio margen de maniobra para acomodar los hechos a su antojo.

  1. ¿Qué diferencias hay entre el periodista y el escritor?

Son muy amplias y están perfectamente delimitadas, aunque la materia prima sea la misma. Los caminos de ambos oficios son paralelos y, con frecuencia, convergentes. No es casualidad que haya tantos periodistas que hayan alcanzado grandes éxitos en la ficción, otra prueba más de que el periodismo y la literatura pueden perfectamente ir de la mano. Y tienen, además, otra cosa en común. En el periodismo uno se gana la vida como puede, y no siempre bien dado lo mal pagados que están muchos profesionales, y la literatura, si acaso, como decía Vicente Aleixandre, solo te da para merendar. En mi caso, que no soy un novelista profesional, me apetecía dar ese triple salto mortal acuciado también por la necesidad de ir más allá de la tarea diaria de reflejar la realidad, de interpretarla y contarla. Y no, precisamente, porque el periodismo se me haya quedado corto, que no es el caso.

  1. Háblenos de su último trabajo: La flor del magnolio.

Prefiero que sean los lectores los que opinen, aunque no voy a eludir la pregunta. Para mí es algo más que una novela, mucho más que mi primera incursión en este género. A esta obra le he dedicado casi todo mi tiempo libre durante dos años y medio y puedo decir que estoy razonablemente satisfecho con el resultado. Creo que he escrito una obra que, en caso de que hubiera sito otro el autor, también me habría gustado leer.

Dicho lo cual, y a modo de aperitivo para no reventar la trama, contaré que la historia arranca en 1989 cuando el exinspector de policía Santos Senabre escucha en la radio que durante las obras de rehabilitación de un edificio, destinado a convertirse en sede bancaria, los obreros encuentran unos restos mortales. Ocurre en lo que fue el antiguo Alazán, un refinado cabaré donde acudía gente de mucho postín. Cerró por un incendio en 1976 y fue reabierto más tarde por don Álvaro Dueñas como club de alterne, además de tapadera de otros oscuros negocios entorno a los diamantes. Este es el contexto, con Madrid y Amberes como telón de fondo, en el que transcurre la historia junto a un rubí maldito y un amor a destiempo,

  1. ¿Qué significa para usted la literatura?

Una actividad placentera como pocas, además de una necesidad vital. En los libros siempre hallas algo de lo que te falta, o complementa lo que ya tienes. O encuentras algo nuevo que te ayuda, indigna o conmueve. Que te zarandea y te obliga a reflexionar, a ponerte en la piel de los otros, que te reconcilia con lo mejor de la condición humana o que directamente te hace descender a los infiernos. La literatura te permite parar el tiempo, ser quien no has podido ser, pasear por mundos imaginarios, más reales y auténticos a veces que los que adornan nuestra existencia. No hay viaje posible en la vida que resulte más barato y duradero. No creo que haya una inversión mejor que la de pasar la vida entre líneas. Y por si fuera poco, también me gustaría pensar que los libros también nos ayudan a ser mejores personas.

  1. ¿Se ha planteado moverse en un género distinto al que está inmerso actualmente?

Dado que soy un novelista debutante, lo primero que debo hacer es asimilar todo este proceso en el que me he embarcado. A partir de ahí cualquier escenario es posible, en el bien entendido de que con frecuencia el escritor es un mero instrumento. Pienso que, con independencia del género, lo único que de verdad importa es escribir bien y poder tocar el corazón del lector.

 

Muchas gracias por su participación en el blog cultural El invierno de las letras. Le deseamos éxito en su trayectoria literaria.

Acerca de Jimena Tierra

Jimena Tierra (Madrid, 1979) es escritora y editora del Grupo Tierra Editorial. Licenciada en Derecho por la UAM, se especializó en materia financiera. A lo largo de su trayectoria literaria ha estudiado criminología, así como talleres de género negro impartidos por profesores como Alberto Olmos, María José Codes o Philip Kerr. Es autora de algunos poemas y múltiples relatos cortos, entre los que destaca Escombros, ganador del concurso de Ediciones Saldubia 2014. En el mismo año, fue galardonado su soneto La vida es Aragón. La vida es sueño, obteniendo el premio de lírica en la convocatoria Atrévete a rimar Aragón con... sueño. Ha sido finalista en el certamen Don Manuel de Moralzarzal (2017), ha publicado un libro de relatos negros titulado Conozco tus secretos y ha editado su novela Equinoccio, alcanzando la cuarta edición. En la actualidad, desarrolla su pasión por la escritura conjugando su actividad como gestora cultural y editora.
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